André Gertler
Antiguos alumnos me han pedido que hable sobre la escuela de violín de André GERTLER, mi último maestro. Pero pienso que es algo extremadamente difícil, y así lo consideraba el propio Gertler cuando yo le pedía lo mismo. ¿Por qué- le decía yo- no escribe Vd., Maestro, sobre toda esta escuela o metodología, sobre cómo tocar el violín? Y él siempre me contestaba: “No creo que pudiese sintetizar en unas cuantas páginas lo que yo pienso sobre la manera de tocar el violín, pues aunque yo mantenga siempre una línea común, cada alumno requiere un tratamiento diferente”. A esto añadía, contestando a otra demanda mía, que no quería hacer una edición con digitados y arcos, por ejemplo sobre las Sonatas y Partitas para violín Solo de BACH. “Lo que hoy es bueno para mí, mañana a lo mejor no lo será, pues he encontrado algo mejor”.

Las dos respuestas me parecieron en su día muy inteligentes y con el paso de los años, voy pensando lo mismo. Es imposible, pienso yo, después de leer muchos libros sobre diferentes escuelas, describir con palabras, sin tener al alumno delante, qué es lo que queremos en cada caso concreto, aunque lo acompañemos de fotos. Unos reaccionarán de una forma y otros de otra.

Por tanto, no piensen que voy a caer en la tentación de “describir” nuestra “escuela”, metodología o “manera de tocar”. Más bien, como siempre he hecho hasta ahora, hablaré de la “filosofía” de esta escuela. Y a medida que voy escribiendo, me voy dando cuenta de que cuanto me surge responde a unos pensamientos personales, muy personales, propios de la etapa de la vida en que me encuentro. No quisiera que las ideas que vaya exponiendo influyan en nadie. No pretendo pontificar, sino tan solo hacer reflexionar a quien las lea. 

En primer lugar, siempre he querido diferenciar entre alumnos y discípulos. Los alumnos llegan, pasan y se van, habiendo aprendido seguramente mucho, y desarrollan después una vida profesional más o menos exitosa. En cambio, los discípulos, entre los cuales me cuento (discípulo de Gertler), hemos seguido una evolución constante pero dentro de la base de la escuela que hemos recibido en herencia, aportando cada uno de nosotros algo nuevo, gracias, en gran medida, a las distintas problemáticas que nos han ido presentando los alumnos. 

La pedagogía de un instrumento es algo verdaderamente apasionante y delicado, pues se está jugando constantemente con la sensibilidad de un alumno. Hay que procurar guiar al pupilo pero sin aplastar su personalidad. Ayudándolo, al contrario, para que progrese libremente aunque naturalmente, dentro de unos cauces limitados por el conocimiento de los diferentes estilos (cada vez se exige más en en esto, pues cada vez tenemos más medios para acercarnos a otras épocas). 

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,A punto estaba yo de publicar un post sobre las escuelas violinísticas cuando me envió mi querido y admirado amigo el violista Emilio Mateu un enlace a youtube que me ha alegrado los últimos días. Se titula “El Arte del violín” y en él aparecen todos los grandes violinistas de los últimos tiempos, desde 1940. Exceptuando a Fritz Kreisler, los he oído en directo a todos.

Yo había empezado a escribir algo sobre las diferentes escuelas del violín, partiendo desde Corelli, Pugnani y Viotti hasta nuestros días pero este vídeo me ha impulsado a tomar el camino contrario. Ahora me divierte más ir siguiendo el hilo hacia atrás para comprobar cómo todas las escuelas nacionalistas y no nacionalistas van a coincidir en el mismo origen, Giovanni Battista VIOTTI. 

Pongamos como ejemplo, la más lejana, geográficamente hablando. La escuela rusa, de la que han salido tan gloriosos violinistas como Jascha Heifetz, Nathan Milstein, Mischa Elman. Todos ellos, hablo de los más antiguos, fueron alumnos o discípulos de Leopold Aver, a su vez alumno de Joseph Joachim y remontando hacia atrás, de Joseph Böhm, de Pierre Rode quien a su vez desciende, violinísticamente hablando, de Viotti. 

El padre de la escuela húngara podría ser Jeno Hubay, profesor de Szigeti Von Versey (a quien está dedicado el concierto de Sibelius), de André Gertler, Eugene Ormandy, más tarde gran director de orquesta, y del propio Jenö Hubay, descendiente por vía directa, de Joachim, de Böhm, de Rode y de Viotti.

De la escuela belga, el último y más grande exponente ha sido Arthur Grumiaux, extraordinario violinista y músico, excelente intérprete de Mozart, que fue alumno de Alfred Dubois quien como E. Ysaÿe, fue discípulo de Vieuxtemps, éste de Benoit para con él llegar a Viotti.

Además Viotti fue el consejero del arquetero Tourte que fue quien dio forma definitiva al arco actual. 

En mi caso, mis maestros fueron mi padre, Agustín León Villaverde, quien estudió con Fernandez Bordas, alumno a su vez de Monasterio, de Bériot, de Rode y de Viotti. Y por otra rama, Fernandez Bordas – Sarasate, Allard, Habenek, Baillot, Rode y Viotti, Albert Sammons, que no se puede adscribir a ninguna escuela pues fue autodidacta, y Gertler. 

Este árbol, lo elaboró mi alumna Elisabet Batallé cuyo trabajo de fin de carrera llevaba por título “De Agustín León Ara a Corelli”. Podéis jugar vosotros y veréis que en todos los casos, llegamos al mismo origen, a Viotti y a la vez a Corelli.



arbolgenealogico
Me gustaría decir algo sobre la obra de Béla Bartok, ya que para mí es uno de los compositores más importantes del siglo XX, y sobre todo porque he tocado la totalidad de su repertorio para violín y orquesta, violín y piano, violín solo y música de cámara, exceptuando los cuartetos de cuerda y el primer concierto para violín y orquesta (obra póstuma) e incluyendo sin embargo otras obras de juventud, que por haber salido a la luz, después de su muerte, están clasificadas como póstumas.

Esta obra en mi opinión es verdaderamente genial y pienso que después de las Sonatas y Partitas de J.S. Bach es la composición más interesante y bella jamás escrita para este instrumento.

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Quien haya leído los últimos escritos que he colgado podrá apreciar que soy un auténtico ‘fan’ de Béla Bartok. 

Terminaré hablando del resto de sus obras para violín y piano u orquesta.Las dos sonatas para violín y piano son biendiferentes la una de la otra. La primera me parece casi una rapsodia –me refiero a la 2ª parte. Muy brillante y virtuosística. En cuanto a la segunda, la considero música más abstracta y compleja. 

Tal y comenté en un post anterior, hay una tercera sonata, póstuma. Se trata de una obra de juventud, que tiene un lenguaje más folclorista. Es también muy brillante.

Las dos rapsodias, que se pueden interpretar bien en recital con piano bien con orquesta, son obras que en su forma se podrían comparar con la Tzigane de Ravel. Constituyen dos partes bien diferenciadas la una de la otra y por supuesto, están escritas en un lenguaje más moderno. Estas obras, como la Tzigane de Ravel, tienen mucho éxito, aunque no son tan populares, todavía. Muy difíciles técnicamente.

‘Contrastes’, obra dedicada al famoso clarinetista de jazz, Benny Goodman y al violinista Joseph Szigeti y, no escapa en ningún momento a la influencia del jazz con dos cadencias, una para cada instrumento, con alguna curiosidad experimental. En la tercera parte, el violinista ha de tocar con dos violines, afinados de manera diferente. Uno afina Sol sostenido, re, la, mi bemol y el otro normal. No es solamente un efecto, sino que para darle al violín un carácter más popular, utiliza esta “scordatura”.

Las Danzas Rumanas (arreglo de Székeli) como las Húngaras (arreglo de Orszagh) son efectivamente arreglo de obras para piano, pero que yo creo que se interpretan más con violín que con piano solo. No hay que olvidar que en esos países, el violín es tan popular como por ejemplo la guitarra en España.

No olvido una Sonatina para piano y que André Gertler arregló para violín y piano con muy buen criterio.


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