La temporada siguiente, mis agentes me propusieron formar dúo con Rosa Sabater. Yo no me lo podía creer, ya que la admiraba desde que fue a tocar a Tenerife, siendo ella una niña de 16 o 17 años y yo un niño todavía más joven.

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Era queridísima y admirada por mis padres (el violinista Agustín León Villaverde y la pianista Maruja Ara) y por mí mismo. Siempre recordábamos en casa sus interpretaciones de Scarlatti y de Mozart.
Trabajar con ella fue una verdadera delicia. Preparamos dos grandes programas, con las sonatas “a Kreutzer” de Beethoven, Grieg en do menor, Franck, Brahms, Debussy, y por supuesto Mozart, que, como ya he dicho antes, interpretaba con una técnica, una elegancia, una gracia y una sensibilidad exquisitas. Recuerdo que en una ocasión, en Bilbao, tuvimos que ofrecer dos conciertos dos días consecutivos pero con dos programas totalmente diferentes, basados en estas grandes sonatas. Fue un reto, ¡pero salimos airosos! Nunca olvidaré lo bien que lo pasábamos ensayando y después, dando conciertos. También humanamente, era una compañera de viaje inolvidable.
Veinte años más tarde en los Cursos Internacionales de Granada, interpretamos como profesores del Curso los Contrastes de Béla Bartok con el inolvidable Carmelo Bernaola, así como una obra de este compositor para esta misma formación (piano, violín y clarinete), Omenaldia Béli Bartoka. Recuerdo también que en 1983, en el aniversario de la muerte del Padre Soler, interpretamos juntos un quinteto de este autor. A propósito de esta obra, quisiera contar una anécdota. Este quinteto estaba escrito para cuarteto de cuerda y clave, y aprovechando que en el mismo curso estaba el excelente clavecinista Rafael Puyana, quisimos interpretarlo con él. Sin embargo Rafael, perfeccionista y purista donde los haya, no accedió, pues en la partitura había una nota en el grave al que no llegaba el clave. Entonces decidimos hacerlo sin él como instrumentista pero sí bajo su dirección musical. La verdad es que aquellos ensayos con Rafael fueron auténticas clases “magistrales”. A Rosa por su gran técnica y a todos los demás no nos fue difícil tocar con aquella ligereza y claridad. ¡Qué recuerdos!

The following season, my agents proposed that I form a duo with Rosa Sabater. I could hardly believe it, since I had admired Rosa ever since she went to Tenerife to perform, as a child of 16 or 17, and I was even younger. She was loved and admired very much by my parents (the violinist Agustín León Villaverde and the pianist Maruja Ara) and myself. Her performances of Scarlatti and Mozart were always remembered in my home.
Working with Rosa was truly a delight. We prepared two long programs with the sonatas “a Kreutzer “by Beethoven, Grieg in C minor, Franck, Brahms, Debussy, and of course Mozart, who as I said before, she performed with exquisite technique, elegance, grace and sensitivity. I remember on one occasion, in Bilbao, we had to give two consecutive concerts with two programs totally different, based on these great sonatas. It was truly a challenge, but we were successful! I will never forget what a good time we had rehearsing and later giving concerts. As a human being, she was also an unforgettable travelling companion.
Twenty years later at the International Courses in Granada, as professors, we performed Bela Bartok’s Contrasts with the unforgettable Carmelo Bernaola, for piano, violin and clarinet, as well as a work Carmelo had written for the same formation, (piano, violin and clarinet), Omenaldia Béli Bartoka. I also remember in 1983, on the anniversary of the death of Padre Soler, we played a quintet by that composer. I would like to tell an anecdote about this work. This quintet was written for a string quartet and harpsichord, and taking advantage of the participation in the courses in Granada of the excellent harpsichordist, Rafael Poyana, we wanted to perform it with him. However, Rafael, a perfectionist and purist if ever there was one, declined because in the score there was one low note which the harpsichord could not reach. We then decided to go ahead, without Poyana on the harpsichord, but under his musical direction. The truth is that those rehearsals with Rafael were authentic master classes. For Rosa, thanks to her great technique, and for the rest of us it was not difficult to perform with such lightness and clarity. Lord, what memories!