Quien haya leído los últimos escritos que he colgado podrá apreciar que soy un auténtico ‘fan’ de Béla Bartok. 

Terminaré hablando del resto de sus obras para violín y piano u orquesta.Las dos sonatas para violín y piano son biendiferentes la una de la otra. La primera me parece casi una rapsodia –me refiero a la 2ª parte. Muy brillante y virtuosística. En cuanto a la segunda, la considero música más abstracta y compleja. 

Tal y comenté en un post anterior, hay una tercera sonata, póstuma. Se trata de una obra de juventud, que tiene un lenguaje más folclorista. Es también muy brillante.

Las dos rapsodias, que se pueden interpretar bien en recital con piano bien con orquesta, son obras que en su forma se podrían comparar con la Tzigane de Ravel. Constituyen dos partes bien diferenciadas la una de la otra y por supuesto, están escritas en un lenguaje más moderno. Estas obras, como la Tzigane de Ravel, tienen mucho éxito, aunque no son tan populares, todavía. Muy difíciles técnicamente.

‘Contrastes’, obra dedicada al famoso clarinetista de jazz, Benny Goodman y al violinista Joseph Szigeti y, no escapa en ningún momento a la influencia del jazz con dos cadencias, una para cada instrumento, con alguna curiosidad experimental. En la tercera parte, el violinista ha de tocar con dos violines, afinados de manera diferente. Uno afina Sol sostenido, re, la, mi bemol y el otro normal. No es solamente un efecto, sino que para darle al violín un carácter más popular, utiliza esta “scordatura”.

Las Danzas Rumanas (arreglo de Székeli) como las Húngaras (arreglo de Orszagh) son efectivamente arreglo de obras para piano, pero que yo creo que se interpretan más con violín que con piano solo. No hay que olvidar que en esos países, el violín es tan popular como por ejemplo la guitarra en España.

No olvido una Sonatina para piano y que André Gertler arregló para violín y piano con muy buen criterio.


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